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Discurso de Aldolf Hitler

Posted in reflexiones on junio 22, 2008 by zeodryen

Me gustaría que dieseis vuestra opinión ante el discurso de este ser (in)humano. (sub. en castellano)

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Tensionalidades momentaneamente intensivas

Posted in reflexiones with tags , , on junio 19, 2008 by zeodryen

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Hoy cierta mujer ha estado a punto de sacarme de mis casillas. Os explico, esta mañana he ido a comprar al mercadona de al lado de donde me hospedo temporalmente. Después de vagabundear pidiendo donde estaba cada cosa hasta a los mismo clientes, he pasado por caja para que me pegaran el clavo producto de la inflación que se ve en todo menos en el dinero que recibes tú. Allí, mientras esperaba, una chica ha sacado el tema de las 65 horas semanales de curro. Ahí he saltado yo para decirle que esas 65 horas nadamás era para los médicos en guardia, que el resto de personas del mundo podían “aspirar” a un máximo de 60 horas semanales.

Obviamente, la chica me ha mirado con una cara de… ejem…. vale, 5 horas menos, pero….. siguen siendo 60.

Chica – ¿Y que hago con mis hijos?

Yo – Ya, supongo que con lo que se gane trabajando esas horas de más se tendrá que pagar a alguien para que los cuide, porqué criarse solos, como que no.

Chica – ¿Y también les pongo una foto en la mesilla con una notita diciendo ‘Estos són tus padres’?

El tema de la conversación se desvió hacia temas económicos: cuánto costaba vivir hoy en día y lo caro que era pagarse una habitación hoy en día (enfocando dicho tema para edades jóvenes -estudiantes-).

Continuando un rato la (in)cómica conversación, me he percatado de que una señora en la cola, mientras yo estaba sacando mi tarjéta de “debo al banco”, se había sumado a la conversación con un par de comentarios insulsos que no habían pasado todavía el umbral para que consiguera captar mi atención. Pero soltó un comentario que hizo saltarme los fusibles.

Os explico, señora casi de cincuenta años, con un nivel cultural más bien bajo (por lo que pude apreciar), con un vocabulario más bien pobre y con unas miras más cerradas que una mula ciega.

Señora – lo que deberían hacer los politicuchos es dar facilidades a quién realmente las necesitas. Mi hija tiene un hijo, LA POBRE, y no llega a fin de mes trabajando cada día mucho. Mientras que a los estudiantes se les paga la carrera.

Yo – señora, debería saber que se nos paga una carrera para poder tener un futuro digno donde podamos hacernos un hueco a codazo limpio.

Señora – pero si quieren ir a la universidad los jóvenes, que lo paguen de su bolsillo, pero no del mío.

Yo – ¿prefiere una carretera o un asfaltado de una calle a que jóvenes DISPUESTOS a estudiar, puedan?

Señora – Sí, esa carretera la podré usar y lo que hagan los otros jóvenes no.

Yo – a ver, usted da un dinero al Estado para que lo destine a servicios, como policías, bomberos, seguridad social o la televisión que seguro que ve muchas horas al día. ¿Porqué no se puede también ayudar a los jóvenes que QUIEREN estudiar?

Señora – ¡Que se lo paguen de su bolsillo! Yo tengo tres hijos y una de ellas, POBRECITA, tiene un hijo y no llega.

Yo – ¿A que ninguno de sus tres hijos ha ido a la Universidad?

Señora – No, pero porque NO HAN QUERIDO.

Yo – ajá, no dudo de ello. Pero dése cuenta de que al Estado le conviene invertir en educación ya que después va a ganar más dinero si tiene unos contribuyentes con sueldos más elevados.

Señora – Si, pero de mi bolsillo NO.

Yo – deje que el Estado inverta en lo que le parezca idóneo y almenos en un futuro no habrá tanta gente como usted. Adiós.

Dicho esta guinda que le debió sentar como un tiro a la señora a juzgar por los balbuzeos que me soltó como si de un murloc se tratara cogí mis bolsas con cara impasible pero con el puño cerrado a lo Chuck Norris para aguantar mi cabreo.

Reflexionando,

Primero – esa señora decía que su hija, pobretita, tenía un hijo. Supóngome que debía ser un embarazao no deseado, ya que los hijos no se tienen pobrecitos. Tener un hijo tendría que ser una alegría y un motivo de felicidad. Dato a tener en cuenta.

Segundo – sus hijos no han querido ir la universidad. No me quiero imaginar, señora, las oportunidades que han dejado escapar sus hijos en las que el Estado les hubiese ayudado gustosamente, simplemente por no querer. Sí, sí, a lo mejor fueron los primeros de su clase en ganarse un sueldo, pero de aquí unos años ellos seguirán ganando una miseria en sus curros, mientras que otros de su quinta cortarán su bacalao. Todo por pereza, holgazanería y falta de ambición.

Tercero – no le diga a un estudiante que la vida es fácil y que con que el Estado nos pague la carrera lo tenemos todo arreglado. MENTIRA, el perfil mayoritario que conozco del estudiante (sin contar los niños de papà que están de visita por el Campus en sus flamantes coches chuleando de lo que tienen ahora y sin parar a pensar de que estan echando a perder su vida) estudia y trabaja. Yo curro unas horas de cartógrafo, doy clases de repaso. Con eso, y con lo que agraciadamente recibo de mi familia puedo seguir adelante con mis estudios. Pero desde luego fácil no és. Conozco a gente que tiene más huevos (u ovarios) que yo. Va a clase trabajándose aún el último trozo de bocata que ha “podido” “comer”, mientras llegaba de trabajar dentro de una estancia (que por necesidades relacionadas con el género que venden) están con un frío que pela el culo a las liebres. Otro es el caso de una persona que conozco que trabaja cada día 10 horas de Lu-Ju para costearse unos estudios en los que muchas veces le falta energías (literalmente hablando) para ir a clase cuando el gallo todavía no ha cantado.

En fin, la gente se piensa que la vida de un estudiante es, por definición, fácil. Sí, fácil según para quién. Somos jóvenes y con energía podemos hacer muchas cosas, pero de ahí a Superhéroes hay un paso grande, además creo que cuando intenté matricularme en esa asignatura no me llegó la nota de Selectividad. Mira tú que cosas…

Raza orgullosa y ancestral

Posted in reflexiones with tags , , on mayo 10, 2008 by zeodryen

Raza orgullosa y ancestral,

doblegada hoy por el ímpetu de la naturaleza que te creó.

Lanzas tu mirada con desesperación al este

buscando el nacimiento del nuevo mundo en el viejo continente.

¿Quién puede colocar fronteras a la angustia?

¿quién puede pedir pasaportes al dolor?

¿quién puede juzgar a una madre

que guarda en su retina la imagen de un recuerdo?

Amazonas

Memoria frágil que solo recuerda de lo malo, lo bueno,

y acalla en su interior los lamentos de la historia

cuando con cariño me llamaste, gallego.

Curando heridas,

acunando desolaciones con la comprensión

y confianza que diste al estranjero

que, como tú, habla el mismo idioma,

y sufría en silencio.

Amazonas

Y yo, ahora, desde la injusticia que sugiere el término ‘sudaca’,

te abro las puertas de mi país, hermano,

y te ofrezco mi consuelo.

Perdiéndome en tu paisaje,

con el lenguaje universal de tu ritmo.

Quiero estrechar tu dolor como a mi guitarra entre mis brazos,

y acariciar tus cabellos trenzados de selva amazónica,

deslizando mis manos por tu geografía de silencio,

y bajarlas, lentamente,

sintiendo en mi tacto la imperfección de tu litoral.

Y al final de tu silueta,

calentar con mis dedos tus helados pies antárticos,

derritiendo el frío de tu corazón,

con el calor de mi canto.

Niños indgenas

Canta, amigo, canta,

canta americano,

y libera tu esperanza

con un grito en la voz.

Nosotros somos una parte de la tierra

Posted in reflexiones with tags on abril 20, 2008 by zeodryen

El primer discurso ecologista moderno del Gran Cacique de Seattle. Carta dirigida al presidente de los EEUU el año 1855 como respuesta a la demanda del presidente que pretendía que los indios americanos vendiesen sus tierras a los hombres blancos y se fueran a una reserva.

¿Como iban a entender los indios que las tierras se podían comprar o vender?

El Gran Cacique de Seattle dij oque sus palabras són como las estrellas, nunca se extinguen. Su pueblo no sobrevivió porque sus palabras no fueron escuchadas. ¿Las escucharemos ahora?

“El Gran Jefe Blanco en Washington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Washington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.
Pero… ¿Quién puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa idea es para nosotros extraña. Ni el frescor del aire, ni el brillo del agua son nuestros. ¿Cómo podría alguien comprarlos? Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos? Aún así, trataremos de tomar una decisión.
Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.
Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se alejan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el cuerpo sudoroso del potro y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.
Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Washington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos.
Él ha enviado máquinas para ayudar al hombre blanco en su trabajo, y con ellas se construyen grandes poblados. Él hace que vuestra gente sea, día a día, más numerosa. Pronto invadiréis la tierra, como ríos que se desbordan desde las gargantas montañosas, como una inesperada lluvia. Mi pueblo, sin embargo, es como una corriente desbordada, pero sin retorno. No, nosotros somos razas diferentes. Nuestros hijos y los vuestros no juegan juntos, y vuestros ancianos y los nuestros no cuentan las mismas historias. Dios os es favorable, y nosotros nos sentimos huérfanos.
Aun así, meditaremos sobre vuestra oferta de comprarnos la tierra. No será fácil, porque esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz del padre de mi padre.
Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino.
La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.
Mi gente siempre se ha apartado del ambicioso hombre blanco, igual que la niebla matinal en los montes cede ante el sol naciente. Las cenizas de nuestros antepasados, sus tumbas, son tierra santa, y por eso estas colinas, estos árboles, esta parte del mundo, nos es sagrado. Nuestras costumbres son diferentes. Tal vez sea porque soy un salvaje que no comprendo.
No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir de las alas de un insecto. Tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo.
El ruido de vuestras ciudades es un insulto para el oído de mi gente y me pregunto, ¿qué clase de vida tiene el hombre que no es capaz de escuchar el grito solitario de la garza o el diálogo nocturno de las ranas en un estanque?
Mi pueblo prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.
El aire es de gran valor para nosotros, pues todas las cosas participan del mismo aliento: el animal, el árbol, el hombre, todos. El hombre blanco parece no dar importancia al aire que respira, a semejanza de un hombre muerto desde hace varios días, que es insensible a su propio hedor. Pero, si os vendemos nuestra tierra, no olvidéis que tenemos al aire en gran estima, que el aire comparte su espíritu con la vida entera. El viento dio a nuestros padres el primer aliento, y recibirá el último. Y el viento también insuflará la vida a nuestros hijos. Y si os vendiéramos nuestra tierra, tendríais que cuidar del aire como un tesoro y cuidar la tierra como un lugar donde también el hombre blanco sepa que el viento sopla suavemente sobre la hierba en la pradera.
Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré otra condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.
Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros apenas sacrificamos para protegernos y alimentarnos.
¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.
Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de nuestros abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Nuestros muertos siguen viviendo entre las dulces aguas de los ríos, y regresan con cada suave paso de la Primavera, y sus almas van con el viento que sopla, rizando la superficie del lago. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.
Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia.
Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.
Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo.
Podéis pensar que ahora Dios os pertenece, de igual manera que hoy deséais que nuestras tierras sean vuestras. Pero Él es el Dios de todos los hombres y su amparo alcanza a mi gente y a la vuestra.
La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos.
Cuando nos despojen de nuestro terruño, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre piel roja.
Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar [telégrafos].
¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.
¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.
La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.”

Presentación Rápida / Desayuno en Plutón – Neil Jordan

Posted in Cine, Fotografía, General, reflexiones with tags , , , , on abril 5, 2008 by zeodryen

Hola a todos mis futuros lectores,

soy un estudiante de Comuncación Audiovisual de 20 años. Actualmente estoy cursando primero. Las espectativas hacia la carrera son buenas, se ve que finalmente encontré la mía. Mis intereses principales son: el saber/conocer, el cine, la lectura i la música.

Si alguien me quiere conocer en persona, me suele poder encontrar en mi Talbot (dándole guerra al coche), en el campus de la UIB, en el campus del CESAG haciendo cola para utilizar el microondas (creo que es el momento que tengo menos cosas que hacer de todo el día, porque por lo demás, me pillaréis apurado) o en mi casa (pero como no sabéis donde vivo… pica chinche).

Soy catalán, nacido en Barcelona, de padres catalanes. Utilizo el castellano/español como lengua principal del blog, ya que lo que me interesa es que llegue a cuanta más gente mejor. Sí, ya se que no está en inglés ni en chino, pero no lo descarto de aquí unos años (page under construction).

Hablando de mi blog. Voy a hacer una declaración de intenciones:

– Publicaré lo que quiera. A veces será un simple desahogo, a veces una crítica de una película, un vídeo, etc, etc. Supongo que los posts irán acordes a mis intereses. Nadamás.

KONIEC

Comenzaré mi blog dando a conocer (para quienes lo conozcan todavia), un filme de Neil Jordan: Desayuno en Plutón.

Desayuno en Plutón

Este director tiene otras películas como Entrevista con el vampiro (del best-seller de Anne Rice) o La extraña que hay en ti.

En Desayuno en Plutón nos plasma perfectamente en el celuloide la sociedad irlandesa de los años 70 (centrándose sobre todo en el problema de esa época, casi omnipresente, del IRA) a través de la vida de Patrick (Cillian Murphy, con una actuación apabullante) que fue abandonado al nacer y que de joven se traslada a Londres (“la ciudad que no duerme nunca”) en busca de su madre.

A parte de ser original en su forma de narración, la utilización de capítulos te crea la sensación de que estás delante de un libro, y que N. Jordan te lo está leyendo, aunque ralentiza mucho la capacidad narrativa que  pueda tener el largometraje.

Tiene un trasfondo surrealista intrínseco y desenfadado que hace que el director consiga contarnos la sencilla historia del joven protagonista que devuelve con una sonrisa a las adversidades del mundo. Un antecendente que seguro que ha influido mucho al director ha sido Alicia en el país de las maravillas (Walt Disney, 1951).

Con una fotografia excelente, así como con una maravillosa banda sonora y con la combinación perfecta entre comedia y drama.

Totalmente recomendable a quién ame el séptimo arte, pero que no sea fanático del cine del corte clásico, ya que va a aborrecer esta excentricidad.

“la única frontera que importa es la que esta entre lo que te espera y lo que has dejado atrás”