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Tensionalidades momentaneamente intensivas

Posted in reflexiones with tags , , on junio 19, 2008 by zeodryen

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Hoy cierta mujer ha estado a punto de sacarme de mis casillas. Os explico, esta mañana he ido a comprar al mercadona de al lado de donde me hospedo temporalmente. Después de vagabundear pidiendo donde estaba cada cosa hasta a los mismo clientes, he pasado por caja para que me pegaran el clavo producto de la inflación que se ve en todo menos en el dinero que recibes tú. Allí, mientras esperaba, una chica ha sacado el tema de las 65 horas semanales de curro. Ahí he saltado yo para decirle que esas 65 horas nadamás era para los médicos en guardia, que el resto de personas del mundo podían “aspirar” a un máximo de 60 horas semanales.

Obviamente, la chica me ha mirado con una cara de… ejem…. vale, 5 horas menos, pero….. siguen siendo 60.

Chica – ¿Y que hago con mis hijos?

Yo – Ya, supongo que con lo que se gane trabajando esas horas de más se tendrá que pagar a alguien para que los cuide, porqué criarse solos, como que no.

Chica – ¿Y también les pongo una foto en la mesilla con una notita diciendo ‘Estos són tus padres’?

El tema de la conversación se desvió hacia temas económicos: cuánto costaba vivir hoy en día y lo caro que era pagarse una habitación hoy en día (enfocando dicho tema para edades jóvenes -estudiantes-).

Continuando un rato la (in)cómica conversación, me he percatado de que una señora en la cola, mientras yo estaba sacando mi tarjéta de “debo al banco”, se había sumado a la conversación con un par de comentarios insulsos que no habían pasado todavía el umbral para que consiguera captar mi atención. Pero soltó un comentario que hizo saltarme los fusibles.

Os explico, señora casi de cincuenta años, con un nivel cultural más bien bajo (por lo que pude apreciar), con un vocabulario más bien pobre y con unas miras más cerradas que una mula ciega.

Señora – lo que deberían hacer los politicuchos es dar facilidades a quién realmente las necesitas. Mi hija tiene un hijo, LA POBRE, y no llega a fin de mes trabajando cada día mucho. Mientras que a los estudiantes se les paga la carrera.

Yo – señora, debería saber que se nos paga una carrera para poder tener un futuro digno donde podamos hacernos un hueco a codazo limpio.

Señora – pero si quieren ir a la universidad los jóvenes, que lo paguen de su bolsillo, pero no del mío.

Yo – ¿prefiere una carretera o un asfaltado de una calle a que jóvenes DISPUESTOS a estudiar, puedan?

Señora – Sí, esa carretera la podré usar y lo que hagan los otros jóvenes no.

Yo – a ver, usted da un dinero al Estado para que lo destine a servicios, como policías, bomberos, seguridad social o la televisión que seguro que ve muchas horas al día. ¿Porqué no se puede también ayudar a los jóvenes que QUIEREN estudiar?

Señora – ¡Que se lo paguen de su bolsillo! Yo tengo tres hijos y una de ellas, POBRECITA, tiene un hijo y no llega.

Yo – ¿A que ninguno de sus tres hijos ha ido a la Universidad?

Señora – No, pero porque NO HAN QUERIDO.

Yo – ajá, no dudo de ello. Pero dése cuenta de que al Estado le conviene invertir en educación ya que después va a ganar más dinero si tiene unos contribuyentes con sueldos más elevados.

Señora – Si, pero de mi bolsillo NO.

Yo – deje que el Estado inverta en lo que le parezca idóneo y almenos en un futuro no habrá tanta gente como usted. Adiós.

Dicho esta guinda que le debió sentar como un tiro a la señora a juzgar por los balbuzeos que me soltó como si de un murloc se tratara cogí mis bolsas con cara impasible pero con el puño cerrado a lo Chuck Norris para aguantar mi cabreo.

Reflexionando,

Primero – esa señora decía que su hija, pobretita, tenía un hijo. Supóngome que debía ser un embarazao no deseado, ya que los hijos no se tienen pobrecitos. Tener un hijo tendría que ser una alegría y un motivo de felicidad. Dato a tener en cuenta.

Segundo – sus hijos no han querido ir la universidad. No me quiero imaginar, señora, las oportunidades que han dejado escapar sus hijos en las que el Estado les hubiese ayudado gustosamente, simplemente por no querer. Sí, sí, a lo mejor fueron los primeros de su clase en ganarse un sueldo, pero de aquí unos años ellos seguirán ganando una miseria en sus curros, mientras que otros de su quinta cortarán su bacalao. Todo por pereza, holgazanería y falta de ambición.

Tercero – no le diga a un estudiante que la vida es fácil y que con que el Estado nos pague la carrera lo tenemos todo arreglado. MENTIRA, el perfil mayoritario que conozco del estudiante (sin contar los niños de papà que están de visita por el Campus en sus flamantes coches chuleando de lo que tienen ahora y sin parar a pensar de que estan echando a perder su vida) estudia y trabaja. Yo curro unas horas de cartógrafo, doy clases de repaso. Con eso, y con lo que agraciadamente recibo de mi familia puedo seguir adelante con mis estudios. Pero desde luego fácil no és. Conozco a gente que tiene más huevos (u ovarios) que yo. Va a clase trabajándose aún el último trozo de bocata que ha “podido” “comer”, mientras llegaba de trabajar dentro de una estancia (que por necesidades relacionadas con el género que venden) están con un frío que pela el culo a las liebres. Otro es el caso de una persona que conozco que trabaja cada día 10 horas de Lu-Ju para costearse unos estudios en los que muchas veces le falta energías (literalmente hablando) para ir a clase cuando el gallo todavía no ha cantado.

En fin, la gente se piensa que la vida de un estudiante es, por definición, fácil. Sí, fácil según para quién. Somos jóvenes y con energía podemos hacer muchas cosas, pero de ahí a Superhéroes hay un paso grande, además creo que cuando intenté matricularme en esa asignatura no me llegó la nota de Selectividad. Mira tú que cosas…